viernes, 19 de abril de 2024

Por tierras gironines y del Alt Empordá (Parte primera)

Llevo tiempo queriendo escribir sobre mis años en Girona y alrededores. Aterricé en Girona siendo un agente perteneciente a la residencia de Barcelona Sants, y destacado, en principio, exclusivamente a Girona. Allí desarrollaba las funciones propias de mi cargo de factor sencillo, tales como atención al cliente, información, y venta de billetes tanto inmediata como anticipada. Nos alojábamos en el hotel Ultonia, sito en la Gran Vía de Jaume I, y a escasos 7-8' andando de la estación. En dicho hotel y centro de trabajo, coincidía con otro agente destacado desde Barcelona Sants, llamado Miguel Ángel Mostazo, natural de Cáceres, era un buen tipo. Como los dos éramos de sitios lejanos, nos doblábamos turnos y también se los hacíamos a los pertenecientes a Girona, haciendo verdaderas salvajadas a la hora de currar, para pillar un mínimo de 10-12 descansos seguidos. 

Mostazo no se movía de Girona, pero yo si que iba también a Figueres, dándose muchos turnos de salir del hotel a las 4'30 de la mañana, para ir a la estación, subirme en un material vacío (2 electrotrenes serie 448 que por falta de capacidad en Figueres, dormían en Girona), salir a las  4'55, llegar a Figueres a las 5'30, empezar a trabajar a las 5'45, pegarse una jartá de vender billetes hasta las 13'30, y a las 14'00 con el Catalunya Express 5090 Portbou a Barcelona, volver a Girona, donde comia deprisa y corriendo, para después empezar a currar desde las 15'00 hasta las 22'45 (hora a la que pasaba el Talgo Camas de Paris, y llegaba el último Catalunya Express, el 5049). Un palizón en toda regla, pero éramos jóvenes...

El amigo Mostazo y yo, tenemos el dudoso honor, no superado por nadie hasta la fecha, de haber trabajado 34 días seguidos, doblando turno, él solo en Girona, y yo alternando Girona y Figueres. ¿Entendéis ahora porqué digo siempre que estoy como una puta cabra?. Pues por cosas como ésta.

En cuanto al personal, había de todo, gente muy maja, y gente muy servil con el entonces Jefe de Explotación de Girona, señor De Frutos (al cual vi muchos años después en Jaca, pues tenía una "querida" de allí). Entre los primeros y en Girona, puedo citar a Mariangels Terrades, a Manuel Cruz, a Carmen Llorente, a "la vikinga" Victoria Puertollano, Arturo Fortón, Fernando  Sánchez, Zamorita, Moisés Sáez, Luis Simón Algora, y mogollón de maquinistas e interventores.Entre los serviles, Carolina Soto, Miguel Juan Reina y Rafael Aguilar, bautizado como "la sombra" por ser el acompañante eterno del señor De Frutos. En Figueres, gente majísima, como Carmen Vila, Santi Vila, Iñaki Barrera (que tenía un hermano factor de circulación en Olite), Serafín Sánchez, Ángel Villalba, Mateo Flecha, Armando, un supervisor llamado Ángel Lorente ( cuyo ojo derecho echaba ráfagas cuando entraba en su oficina una viajera de buen ver), Pepe Luque, y como no, mi buen amigo Manel Martí Dot, natural de Sant Miquel de Fluviá, y una excelente persona y mejor compañero. Solo había un garbanzo negro allí, un mal bicho que vivía en la vivienda de encima del vestíbulo, llamado Tomás Rodero Lozano, más conocido por Manel, como "la ONG" o "Panchitos Sin Fronteras". Malo como supervisor y horroroso como compañero...

Continuará...

domingo, 14 de abril de 2024

El día que volví a nacer

22 de abril del año 2010. Aquella noche, pernoctando en el Hotel Villa de Ayerbe, ya me di cuenta que la pequeña herida que llevaba en la pantorrilla izquierda, no estaba cicatrizando bien, pero no le di la importancia suficiente. Simplemente me di la vuelta en la cama, y continué durmiendo, pues me levantaba a las 4'30.

Me levanté a esa hora, y me duché para espabilarme, pues aunque era una noche fresca, tenía que ir andando hasta la estación de Ayerbe, sita a unos 10' largos andando desde el hotel. Allí tenía que subirme en la cabina de la 333 que encabezaba el 54580 de Zaragoza Arrabal a Canfranc, con el fin de ir hasta Santa María y La Peña, y abrir dicha estación. El tren llegó a Ayerbe a las 5'50 de la mañana y se estacionó en la vía 3 de andén principal.

En la cabina de la 333.369, estaban Pepe Gris, y mi buen amigo Ramón Cebrián Huete, con los que enseguida establecí una amena charrada. El tren se puso en marcha a las 6'05, después que don Jose Manuel Escuer Barluenga (quedaros con éste nombre), estableciese bloqueo con Canfranc, y abriese la línea a circulación. Golpe de chiflo y linterna en verde, y a correr. Llegamos a La Peña en menos de 20 minutos debido a la ligereza del tren, unas 300 toneladas debido a ser material vacío (15 tolvas cerealeras). Me bajé de la locomotora y me dispuse a abrir la estación.

Abrí el gabinete de circulación, cogí la llave Bouré C, y me dirigí al andén. Allí, levante el "Carlitos" ( el cartelón "C", con el que se señala una estación cerrada, pero apta para circulación, y así lo llaman en Andalucia) y lo metí en la oficina. Inserté las llaves en los tornos de las señales y las cerré, quedando en situación reglamentaria de "Parada Diferida". Esperé a la llegada del 54580 a Sabiñánigo para establecer comunicación telefónica con esa estación, y así poder participar en el bloqueo telefónico, y establecer dos cantones de bloqueo, uno entre Ayerbe y La Peña, y otro entre La Peña y Sabiñánigo, debido a que ese día estaba prevista la circulación de un tren de trabajos y una dresina de vía y obras. 

El famoso "Carlitos". Foto de ejemplo.

Establecí bloqueo con Ayerbe y Sabiñánigo para la circulación del "Correo" 15640 (Regional Zaragoza a Canfranc). Abrí la señal E'2 y me dediqué a esperar. Escuer desde Ayerbe, me anunció la salida del tren de aquella estación. Yo estaba sentado en el gabinete de circulación revisando documentos, cuando noté un calor "extraño" en mi pierna izquierda. Bajé la mirada y vi un enorme charco de sangre en el suelo. Me levanté de la silla y salí al andén, donde me desplomé pero sin perder el conocimiento. Intenté llamar por teléfono, pero no había cobertura y no tenía fuerzas para volver al gabinete a llamar a Ayerbe. Mi pantorrilla sangraba a chorro, literalmente, y se hacía un nuevo charco en el andén. Grité "Socorro" varias veces, hasta que un camionero de la factoría de creosotado Eiforsa, situada enfrente de la estación se dió cuenta y vino corriendo. Allí le instruí brevemente para avisar a Ayerbe de lo que estaba pasando. Y todo esto, con el Regional de camino a mi estación...

Llegó el Regional y me encontraron tumbado en el suelo del andén y en medio de un charco de sangre. Jose Luis Benito, alias "el Magras", maquinista del Regional, todo descompuesto, se bajó del tren y estuvo a mí lado en todo momento. Jose Manuel Escuer, que vino desde Ayerbe conduciendo como si estuviera en un rallye, también. Gracias a ellos dos, puedo contar ésta batallita. 

También gracias al doctor Tortosa, del Centro de Salud de Ayerbe que vino enseguida, y que dispuso que el helicóptero del 112 me llevara al hospital San Jorge de Huesca, pues hizo una estimación de mi pérdida de sangre, de en torno a unos 2 litros y pico, y dudaba que pudiera "sobrevivir" al recorrido por carretera hasta Huesca. Y también agradecido al personal del hospital, pues gracias a la transfusión de varias bolsas de sangre, pude volver a hacer vida "normal" pasados unos días. A quien no le di las gracias, y suerte tuvo que no le escupiese en la cara, fue al médico de ADIF en Zaragoza, Rafael Ibáñez, porque se negó en redondo a darme la baja por accidente laboral, dejándolo en "un leve incidente", y por tanto en una baja por enfermedad común. Como dicen los modernos, "olé tú chocho".

Historietas para no dormir, y echarse unas risas... Espero que os guste.