domingo, 5 de julio de 2020

Castellbisbal (y III)

Castellbisbal era un pequeño mundo aparte, limitado por el túnel de Martorell por un lado, y por el final de la via madre, por el otro lado. En ese pequeño microcosmos, se daban cita los más variopintos especímenes humanos, empezando por un inclasificable como yo.

Los factores, salvo dos, llevaban galones de "Jefe de terminal", y al menos dos de ellos, se lo tenían muy creído. Hablo de Tomás, y un paisano maño llamado Jose Luis Rincón, alias "Quincón". Un tercer jefe era Julio Cambra, galleguisimo de Vigo, pero muy abierto y majo cómo persona. También venía a dar vacaciones una bellísima persona llamado Alejandro Bermejo (RIP). Los factores. Ortega valenciano él, que tenía una mano espectacular para las fideuas, y nuestro "amigo" (he llegado a pasar miedo trabajando con él) Jesús Marco Cano, alias "Marco Porro". Los especialistas, Martín "el Largo", del que ya no se pueden decir muchas más cosas, Gallardo, y el "cabezón" de Casa Antunez.

Capitulo aparte merecen los máquinistas, empezando por los de Martorell, capitaneados por Julio, alias "El Jambo", Buendía, Santi, y unos pocos más. Yo debuté, con un máquinista de Torrejón de Ardoz, más chulo que un ocho del revés, Vicente Encinas. De los máquinistas de Barcelona que nos visitaban, solo se pueden decir cosas buenas. Empecemos este listado, con un increíble amigo, que gracias a las prisas de los políticos para inaugurar líneas, se comió un marrón del que NO ES CULPABLE", lo defenderé siempre, Paco Garzón Amo. Emiliano Fernández, Paco Caballero, Evaristo... compañeros que si te veían ahogado, no tenían mayor inconveniente en bajarse de la máquina, y cortarse ellos mismos. Los de la maniobra, eran un capítulo aparte, Pardo, Jordi, Esteban, Domingo, Requelme, Miguel Lorenzo Fragua, y otros más. Una mención especial para un máquinista de Tarragona, al que mandaron a Castellbisbal una noche de tormenta potente, y con él sacamos una jornada muy complicada en lo laboral. Se llamaba Juan Carlos Moreno, actualmente creo que anda en Grandes Rayas de Valencia...

Esto es todo, el que quiera saber más cosas de Castellbisbal, que pregunte. En próximas entregas, empezaré a hablar de Barcelona Casa Antunez, pero tardaré a madurarlo...

domingo, 10 de mayo de 2020

Castellbisbal (y II)

Castellbisbal fue un destino con muchas anécdotas que contar. Seguimos con ellas... En ella, se podía distinguir el grupo de vías generales (empezando desde el edificio de viajeros), vía 1 general a Martorell, vía A general a Rubí, vía 2 general a Papiol, y las de apartado, vías 4 y 6, en curva, muy cortas y muy puñeteras para hacer maniobras. Para hacer dichas maniobras, había que tirar con el tractor, sobre el mango lado Martorell, y sin librar circuito, bien con mando local o hablando con el CTC, hacer un "efecto pedal", esperar los dos minutos del diferimetro, y empujar sobre la otra vía, formando una composición de más de 12 vagones, y así evitar movimientos sobre la "vía madre", ya normalmente colapsada de por sí. A dicha vía madre, se accedía desde la vía 2, y en su trazado (de más de 3 kilómetros), podíamos encontrar una curva a derecha bajando, donde formábamos los vacíos que eran muy largos (Bobineros SidMed, con hasta 36 vagones, y la palanquilla vacía a Muriedas, una reata de hasta 30 plataformas M1). En dicha curva, en el lado izquierdo concretamente, había una higuera que daba unos frutos maravillosos, y que recolectabamos desde el balconcillo del motor de maniobras, convenientemente estacionada para ello.

Continuaba la vía madre, y de ella, salía "la desdoblada", dotada de una báscula, en la que yo, jamás pesé ningún tren. Pasados unos 500 metros, se volvía a hacer vía única, y estaba la primera aguja de CELSA, un apartadero con la vía hormigonado, y una cantidad de mierda y mugre acumulada como no he visto en ningún otro sitio . Siguiendo para abajo, curva a izquierda, segundo acceso a CELSA, y más adelante, la vía madre se abría en varias vías, la madre, la hija, Gonvarri, Gonvauto, la báscula y la galvan. En esta última parte, se desarrollaba la mayor parte del trabajo, entre otras cosas, por que existía la costumbre de que el encargado de Gonvarri "untaba" al personal de la maniobra por darle preferencia a ellos antes que a CELSA. Doy fe, que el "unte" era generoso...

En esta parte de la playa de vías, se produjo una anécdota, que hace ver la nula categoría humana y profesional del capataz de maniobras del turno dedde en aquel momento. Una vez que metíamos y sacábamos todos los bobineros, sobre la topera de "la madre", formábamos el tren 56541 de Castellbisbal a Sagunto. Mientras los de la maniobra hacíamos el tren "por bien", un visitador de material móvil (entonces era "Maradona", destacado de Zaragoza), cerraba y comprobaba todas las capotas de los vagones, que daban muchísimos problemas en el cierre, gracias a los hostiones que les daban los que descargaban las bobinas. Cuál fue mi sorpresa, que el capataz dió orden de tirar al maquinista, haciéndole notar que faltaba el visitador, a lo que el capataz respondió: "que se joda y se vaya andando a Papiol, y suba con la unidad". Cuál fue mi sorpresa de que, después de dejar el material del 56541 ante la señal R1, y de esperar a que el CTC nos dejara estacionar en Castellbisbal, llegaba la unidad con "Maradona" dentro... Me reí bastante cuando comprobé que la jugada le había salido mal al capataz. "Maradona" era un tipo peculiar, agarrado y tacaño como he visto pocos, pero no era mala persona, ni tampoco mal compañero, pues si le pedías cualquier favor, lo hacía. Pero esas historias y otras más, vendrán en capítulos posteriores de las aventuras del abuelo Cebolleta 😂😂😂

Continuará...

domingo, 3 de mayo de 2020

Añoranzas de un pasado lejano

Mi abuelo José, ferroviario él, (y uno de mis mejores maestros en esta disciplina de la vida), entre sus muchas sapiencias ferroviarias tenía una que decía tal que así, "un ferroviario es verdaderamente ferroviario, cuando sabe lo que es pisar piedra, y conoce lo dura que es la vía". Que razón tenías, Abuelo. Ahora hay muchos elementos que, por el simple hecho de tener sapiencia ferroviaria cultivada a golpe de libro, y desde un cómodo despacho al abrigo libre de frío y calor, de lluvia y nieve, de hielo y aparato eléctrico, se permiten el lujo de adjudicar carnets de ferroviario, o de negárselo a quien ha pisado tanta vía como la que jamás pisará dicho oficinista, pero bueno, no es el asunto principal de la entrada de hoy. Hoy, hablaré de la primera estación en la que estuve destinado. Llegué a ella después de un cursillo de dos meses. Inicialmente, mi residencia iba a ser Barcelona Casa Antunez, pero por aquello de mi "ardor guerrero" y también, porqué no decirlo, de estar fuera de casa y ganar así 150.000 pesetas más todos los meses. Con mi destacamento, y mi mochila, nada más bajar del Costa Brava en Barcelona, me encaminé a coger un cercanías de los que iban a Martorell y Vilafranca. Eran las 7 de la mañana, y me fui desperezando a bordo de un cercanías atestado de viajeros, que se dirigían a sus trabajos. Hospitalet, Sant Ildefons, Cornellá, Sant Joan Despi, Sant Feliu, Molins, Papiol (otro día os hablaré del puticlub que hay, o había en el mismo andén del apeadero), y Castellbisbal. Cuando me bajé del tren, había una pequeña comitiva esperándome. Allí estaban Jose Luis Rincón (alias Quincón, supervisor de terminal), Francisco Javier Martín (alias "el largo", con su desagradable voz), Vicente Encinas (máquinista de la maniobra, un madrileño de Torrejón perdido en Barcelona, curioso personaje), y el amigo Gibaja, de material móvil de Zaragoza, pero destacado allí, y apodado "Maradona". También estaba el famoso "Tío Benito" (Benito Quintas Calviño, inspector de la UN de Cargas). Entré dentro del edificio, y tomé posesión de mis aposentos, mi taquilla, mi pequeño armario en la cocina, y mi catre detrás del archivo, que se convirtió en mi "habitación" durante aproximadamente dos meses, hasta que conseguí un alojamiento decente, claro está, fuera de Castellbisbal. Una vez hecho lo anterior, me vestí con mi uniforme de seguridad, y me encaminé a la vía 6 lado Martorell, para acoplar el MABI 311.103 a un lote de vagones bobineros, y después, bajarlos a las instalaciones de Gonvarri/Gonvauto, mediante la famosa "Vía Madre". Las cinco personas seguían en el andén, mientras yo, sin mayor problema, me introducía entre topes y echaba la brida, la apretaba, y acoplaba la manga de la TFA del tractor a la composición. Salí de entretopes, y me encaminé hacia el otro extremo del tren, para encaramarse al estribo y guiar la maniobra desde allí... Pero a pesar de dar la orden al maquinista de "empujar", el tren no se movió, y tan solo atiné a escuchar por el "walkie", "estos cabrones de maños nos han jodido una comida". Cuando Martín, el capataz, llegó a mi altura, tan solo dijo "me has jodido, maño. A mí, al capataz de la 5°zona que más vagones mueve, bueno, yo no, los que están conmigo". Las siguientes dos horas, al final de la vía madre, removiendo material de Gonvarri, Gonvauto y de Celsa, puede que fueran las dos peores horas de toda mi vida laboral, y esta es larga... Subimos a almorzar a la estación,(previa espera ante la R1 a que pasaran los cercanías de rigor) y allí me está esperando el "Tío Quintas", al que le pregunto el porqué del cabreo de Martín... Y me responde, "ha apostado contra el Maradona y conmigo a que, con lo grande que eres, no entrabas entre topes, y tiene que pagar una comida hoy para los que estamos al mediodía". Hoy me parto de risa, pero la cara de gilipollas que se me debió quedar aquel día, debió ser para nota... Venga, que ya me he enrollado mucho hoy. Seguiré contando batallitas de Castellbisbal, que hay muchas y muy interesantes. CONTINUARÁ...

domingo, 19 de abril de 2020

Experiencias vitales

Corren malos tiempos... Tiempos en los que uno se siente abrumado por la desgracia ajena. Tiempos en los que el recuerdo de lo que se fue, es más agradable que las vivencias actuales. Llevo unos días queriendo escribir sobre mis comienzos laborales en la empresa que, primeramente a través de mi abuelo y mi padre me vió nacer y crecer, y con el paso de los años, me dió la oportunidad de demostrar mi amor por la profesión. Corrían los años 90, mi padre ya se había jubilado, pero continuaba inyectándome saber ferroviario. Un buen día, le dieron un diagnóstico médico fatal. Cáncer. Meses de deterioro físico, que posteriormente paso a ser total, quedando como un "vegetal" durante 10 largos meses. Cuando murió aquel helador día de diciembre, me prometí a mi mi mismo que no pararía hasta lograr rendirle homenaje, de la mejor manera que podría hacerlo, que era ingresando en su misma empresa y demostrando y derrochando la misma profesionalidad que él ofreció en vida. Hubo de pasar algún tiempo, no mucho, para lograrlo. Para realizar dicho sueño, debía desplazarme a Barcelona, y lo hice con una mano delante y otra detrás. Una mochila con algo de ropa, y 10.000 pesetas en el bolsillo. Después de realizar un pequeño cursillo introductorio, ya tenía mi acreditación. Aún recuerdo el primer día que estrené mi reluciente carnet. Era la 1 de la madrugada, y los trenes iban todos completos. Yo, con mi reluciente carnet, me dirigí a la cabina de la locomotora que remolcaba el "Costa Brava", toqué en la puerta, y salió uno de los agentes que formaban la pareja de conducción. "Buenas noches, ¿que quieres?", me dijo. "Hola", dije, "acabo de ingresar en la empresa hace unos días, en Barcelona. Van todos los trenes completos, y empiezo jornada a las 8 de la mañana. ¿Podría ir con vosotros?". Lo consultó con su compañero, y me volvió a preguntar, "¿como te llamas?", a lo que yo le respondí con mi apellido, por el que me conocían en Delicias y en La Almozara... Cuando lo oyó el otro maquinista, dió un salto, y dijo, "el hijo de Jose María, sube, hijo, sube"... Fueron 5 horas de botes y rebotes en aquella japonesa verdosa y amarilla. Cinco horas en las que, maquinista y ayudante, me enseñaron más conocimientos que en inútiles cursillos posteriores. Fue mi primera experiencia profesional en esta sacrosanta empresa... Seguiré desgranando anécdotas y vivencias en próximas entradas...