domingo, 18 de junio de 2023

Un oasis llamado Samper (I)

 Aterricé en Samper a mediados de octubre de 2008. Utilizando un símil montañero, fue la llegada a la cima de una montaña llena de adversidades y zancadillas por parte de la Jefatura de Barcelona Sur, "escalada" que había comenzado cerca de año y medio antes.

Unos días antes de empezar las prácticas reglamentarias en mi nueva residencia, me di una vuelta por allí, de tren a tren, para conocer el gabinete, la playa de vías, y a uno de los compañeros a los que iba a relevar, pues éste mozo, con mi llegada, se iba trasladado a Zaragoza. Era Vázquez, más conocido como "Nono" que se fue al CTC de Portillo. Aquel día fui con el 5016 y vuelta con el 5015, para poder ver el relevo de personal, puesto que Samper era una estación de 12 horas, y el cambio se hacía a las 18'00 horas (teóricamente).

Ya conocía bien la estación, puesto que había ido innumerables veces a fotografiar los trenes carboneros, que usaban el ramal de Endesa entre Samper y la Central Térmica "Teruel" sita en las proximidades de Andorra "la Fea" (popularmente se la conocía así por las gentes de la comarca), y fue un mero trámite. 

Una vez se oficializó mi traslado desde Lleida a Samper, me dispuse a iniciar mi periodo de prácticas. Me concedieron 80 horas para poder realizar el procedimiento de habilitación. Como ya conocía las instalaciones, la verdad es que me hubiera sobrado con 20-25 horas, pues el resto de jornadas las dediqué a desempeñar las funciones de auxiliar de circulación, ya que había que cumplir lo estipulado en el libro de prácticas. 

En aquellos primeros días, fui una semana de día, y otra de noche. De día con Evelio Baeta, de Caspe. Buena persona, y con aficiones como la pesca, y en los ratos sin trenes, caminar el andén de la vía 3 arriba y abajo, hasta hartarse. Por la noche, con Pascual Tortosa, también de Caspe, y con una afición muy curiosa, los pirograbados, y la verdad es que hacía verdaderas virguerías, pero la peste a quemado dentro del gabinete, era horrorosa. 

Mención aparte era el personal de maniobras. En el turno de día, siempre estaban Antonio Bernad, muy buena gente, que vivía en La Puebla de Hijar, y Joaquín Costán Sonsona, natural  de Samper, también conocido como "El Mudo" o "El Cuervo", por gritar a todo el mundo y por graznar más que hablar (según él mismo, porque tenía un defecto en las cuerdas vocales). Éste último era muy peculiar, quizá demasiado, pero hay que reconocer, que se trabajaba muy rápido y muy bien con él y con Antonio. Por la noche, siempre estaba Migalanchel Martín Pardos, más conocido como "el Baturro", y que era, de lejos, con el que mejor me llevaba, puesto que compartíamos aficiones, tales como hablar en Aragonés, la montaña y la geografía.

Luego estaban los maquinistas que aseguraban los carboneros de/hacia la Térmica. Estaba Pepe Jarque, que vivía en Caspe, buena gente, aunque un poco raro a la hora de currar. El segundo en discordia era Manolo Sevil, natural de Samper, y magnífico tanto como persona y como maquinista. Para darle los descansos y vacaciones a los anteriormente citados, venía de Zaragoza, Ricardo Gracia Agüelo "Ligallo", que era un tipo muy peculiar. 

El próximo día, seguiremos con la descripción de las instalaciones, y con lo que más os gusta a tod@s, las anécdotas, batallitas y curiosidades, pero para ello habrá que esperar un poco (hablar de ello me provoca una mezcla de nostalgia, melancolía y mala leche, bastante nociva para la salud).

Hasta pronto, amig@s...